…
-Cómo sabes que no me importa, qué sabes de mí para decidir por tu cuenta lo que a mí me importa o no?.
-No te enfades, no tuve intención de molestarte.
-Los hombres son todos iguales, piensan que con haber nacido de barriga de mujer, ya lo saben todo de las mujeres.
-Yo de mujeres sé poco, de ti, nada, y en cuanto al hombre, para mí, tal como van las cosas, ahora soy un viejo, y tuerto además de ciego.
-No tienes nada más que decir contra ti.
-Mucho más, no puedes ni imaginar la lista negra de mis auto recriminaciones y cómo crece a medida que los años van pasando, joven soy yo, y ya voy bien servida.
-Aún no has hecho nada verdaderamente malo.
-Cómo puedes saberlo si nunca has vivido conmigo?.
-Sí, nunca he vivido contigo.
-Por qué repites en ese tono mis palabras?
-Qué tono?.
-Ése.
-Sólo he dicho que nunca he vivido contigo…
-El tono, el tono, no finjas que no me entiendes.
-No insistas, te lo ruego.
-Insisto, necesito saberlo, Volvamos a las esperanzas.
-Pues volvamos, El otro ejemplo de esperanza que me negué a dar era ése
-Ese, cuál?.
-La última autorecriminación de mi lista
-Explícate, por favor, no entiendo de galimatías.
-El monstruoso deseo de que no recuperemos la vista,
-Por qué?.
-Para seguir viviendo así.
-Quieres decir todos juntos, o tú conmigo?.
-No me obligues a responder.
-Si fueses sólo un hombre podrías esquivar la respuesta, como hacen todos, pero tú mismo acabas de decir que eres un viejo, y un viejo, si haber vivido tanto sirve de algo, no debería volverle la cara a la verdad.
-Responde, Yo contigo.
-Y por qué quieres vivir conmigo.
-Esperas que te lo diga delante de todos?.
-Cosas más sucias, más feas, más repugnantes hemos hecho unos ante los otros, seguro que no será peor lo que tienes que decirme.
-Sea, si lo quieres, porque al hombre que aún soy le gusta la mujer que tú eres.
-Tanto te ha costado hacer una declaración de amor?.
-A mi edad uno tiene miedo al ridículo.
-No ha sido ridículo, Olvidemos esto, por favor.
-No tengo intención de olvidar ni dejarte que olvides, Es un disparate, me has obligado a hablar, y ahora, Y ahora me toca a mí.
-No digas nada de lo que puedas arrepentirte, recuerda lo de la lista negra.
-Si yo soy sincera hoy, qué importa que mañana tenga que arrepentirme.
-Cállate, Tú quieres vivir conmigo, y yo quiero vivir contigo.
-Estás loca, Viviremos juntos aquí, como un matrimonio, y juntos seguiremos viviendo si tenemos que separarnos de nuestros amigos, dos ciegos pueden ver más que uno.
-Es una locura, tú no me quieres.
-Qué es eso de querer?, yo nunca quise a nadie, sólo me acosté con hombres.
-Estás dándome la razón.
-No. lo estoy, Has hablado de sinceridad, respóndeme sinceramente si es verdad que me quieres.
-Te quiero lo suficiente como para querer estar contigo, y esto es la primera vez que se lo digo a alguien.
-Tampoco me lo dirías a mí si me hubieras encontrado antes, un hombre viejo, medio calvo, el pelo que le queda blanco, con una venda en un ojo y una catarata en el otro.
-No lo diría la mujer que entonces era, lo reconozco, quien lo ha dicho es la mujer que ahora soy.
-Veremos entonces qué va a decir la mujer que serás mañana.
-Me pones a prueba?.
-Qué idea, quien soy yo para ponerte a prueba, la vida es quien decide estas cosas, Una la ha decidido ya.
Tuvieron esta conversación cara a cara, los ojos ciegos de uno clavados en los ojos ciegos del otro, los rostros encendidos y vehementes, y cuando, por haberlo dicho uno de ellos y por quererlo los dos, concordaron en que la vida había decidido que vivieran juntos, la chica de las gafas oscuras tendió las manos, simplemente para darlas, no para saber por dónde iba, tocó las manos del viejo de la venda negra, que la atrajo suavemente hacia sí, y se quedaron sentados los dos, juntos, no era la primera vez, claro está, pero ahora habían sido dichas las palabras de recibimiento.
Ninguno de los otros hizo comentarios, ninguno dio la enhorabuena, ninguno expresó votos de felicidad eterna, los tiempos, en verdad, no están para festejos e ilusiones, y cuando las decisiones son tan graves como parece haber sido ésta, nada tendría de sorprendente que alguien hubiera pensado que hay que ser ciego para comportarse de este modo, el silencio es el mejor aplauso.
—
==========
Ensayo sobre la ceguera (José Saramago)
- Nota en la página 264 | Pos. 4037 | Añadida el jueves 25 de abril de 2013 08H13’ GMT-06:01
Ensyo sobre la ceguera
==========

